A propósito del último Sonajero de Grisbel Medina (http://www.listindiario.com.do/app/article.aspx?id=121194), que nos invita a la vida simple, a revivir recuerdos y recobrar viejas costumbres, quiero hoy escribir este post, para expresar mi deseo, que ojalá sea el de much@s, de buscar en mi interior lo que realmente me hace feliz, y dejar de lado, aunque sea de modo momentáneo, tanta tecnología, tanta prisa, y volver al mundo de los pequeños detalles, esos que no cuestan nada, y que nos hacen tan felices.
No sé si se trata del paso de los años, no sé si se trata de mi hartazgo de ver lo que ven mis ojos a mi alrededor y de sentirme tan decepcionada. Pero me doy cuenta de que vuelvo sobre mis pasos, y he decidido recuperar la simpleza de la vida:
Mi pelo es tan corto que ya no necesita rolos, ni el calor insoportable de un blower. Reniego del brasiere que lucha en contra de la ley de la gravedad. Olvidé los incómodos tacos altos y zapatos cerrados, y sólo uso sandalias bajitas. No quiero blusas que aprieten mis chichos. He dejado de comprar y usar maquillaje. Las uñas de mis manos están recortadas, y nunca verán falsas uñas con artísticos diseños sobre ellas. Disfruto enormemente un café a cualquier hora, particularmente si son las 6:00 de la mañana, reunirme con mi mejor amiga a hablar de nuestras vivencias diarias, dormir una deliciosa siesta con mi pareja al lado (o sola), sentarme sobre la grama en una placita frente al malecón, ver el mar y sentir la brisa en mi rostro.
¡Cómo añoro los años de mi niñez!



